martes, 25 de octubre de 2016

Ensayo de positivismo, falsación, criterio de validación de la ciencia y teoría del caos



     A finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX aparece el positivismo indudablemente en un momento histórico, cuyo terreno había sido preparado por innumerables cambios tecnológicos como los acontecidos por la revolución industrial, concordando a la vez, con el decaimiento del sentido metafísico y religioso del conocimiento.
      El hombre, cansado de no obtener respuestas en la religión y en su búsqueda permanente del porqué de las cosas, fija su atención en la ciencia, ésta le brinda seguridad, confianza y comodidad. Ya no es el hombre a merced de la naturaleza, más bien es un ser, que encuentra respuestas lógicas al estudiar en forma analítica, los mecanismos de los objetos que se encuentran en su alrededor.
     Y en este marco, con los cimientos antes mencionados, nace el positivismo, doctrina que Comte resume bien, a través de su ley de los Tres Estadios, marcando así el comienzo de la Historicidad del Conocimiento Humano. A partir de este momento, la realidad se va a encontrar limitada por coordenadas de: tiempo, espacio y masa, puesto que solo considera la posibilidad de estudiar científicamente los hechos, los fenómenos, el dato experimentable, lo observable, lo verificable para lograr el progreso de la sociedad, y ello, solo se puede alcanzar a través de la ciencia, considerada desde Hegel, como la expresión más pura de la Racionalidad de la cultura.
   
  Actualmente el positivismo influye en muchas personas y lugares que, sin ser conscientes, se sitúan en esta línea de pensamiento. Definitivamente, hoy día lo matemático y comprobable gana más terreno, el mismo que pierde lo social y teórico. El positivismo por sus bases empíricas rechaza todo lo que no se pueda comprobar desde la óptica humana y eso pasa en nuestros días, el hombre cada vez más acostumbrado a la técnica y a la manera de mostrar las cosas, a través de laboratorios e investigaciones, se hace más inverosímil ante la tesis de pensamiento y las especulaciones. Es así como nace la falsación, la misma buscar evitar el dogmatismo científico y promover la sinceridad intelectual.
    
   Para el filósofo austriaco Karl Popper, constatar una teoría significa intentar refutarla mediante un contraejemplo. Si no es posible refutarla, dicha teoría queda corroborada, pudiendo ser aceptada provisionalmente, pero nunca verificada. En filosofía de la ciencia, esta verificación se sigue, deductivamente por modus tollendo tollens (del latín, modo que negando niega), en otras palabras, si una primera afirmación implica una segunda afirmación, y la segunda afirmación no es verdadera, se puede inferir que la primera no puede ser verdadera. Un ejemplo muy conocido en la falsación es: por muchos millones de cuervos negros que se vean, no será posible afirmar que “todos los cuervos son negros”, en cambio sí se encuentra un solo cuervo que no sea negro, se podrá afirmar que “no todos los cuervos son negros”.

     El falsacionista admite que la observación está guiada por la teoría y la presupone. Abandona cualquier afirmación que implique que las teorías se pueden aceptar como verdaderas o probablemente verdaderas a la luz de la evidencia observacional. Se trata de un cambio radical en la concepción de la ciencia, por cuanto permite vislumbrar que, las teorías vigentes en un momento dado, suelen ser reemplazadas por otras con el transcurso del tiempo. Tal actividad sería pues la esencia del progreso científico. En otras palabras, el falsacionismo afirma que el hombre no puede realizar observaciones “objetivas del mundo exterior”, sino que, en el mejor de los casos, intenta acercarse asintóticamente a entender mejor los patrones y pautas de la naturaleza.   
     A medida que las teorías son reemplazadas por nuevos conocimientos que emergen de un mundo cambiante y una humanidad hambrienta de conocer la verdad, surge asimismo la necesidad de validar dichos conocimientos. A partir de esta necesidad, nacen las comunidades científicas y en consecuencia la metodología. La validez del conocimiento admite diversas formas y criterios según los campos o ámbitos en los que se manifiesta su validez: se podría hablar entonces de validez sociológica, étnico – cultural, religiosa, mágica, etc. Cada una con sus formas y criterios de aceptación y reconocimiento.
     Los criterios de validez del saber científico más conocidos como métodos científicos son los usados por los científicos para demostrar o comprobar un invento, para lograr esto los métodos deben seguir unas leyes que son universales las cuales están basadas en principios de investigación y prueba, en donde el investigador sigue un conjunto de procedimientos teniendo en cuenta su plan previo. El científico trata de distinguir lo verdadero de lo falso llevando a éste a prueba con el método escogido por él, donde se dará un veredicto final del objeto de prueba en caso de que sea verdadero. Este deberá ser justificado y demostrar su probabilidad utilizando la ciencia y la tecnología, e igualmente en el caso de que se demuestre que es falso.
     Así como en una investigación se pueden variar sus resultados con tal solo alterar una variable del proyecto inicial, cierta clase de fenómenos son increíblemente sensibles a las condiciones iniciales y tienen una impredecibilidad inherente desarrollando un caos. La teoría del caos en realidad data de los años 60. El matemático francés Henri Poincaré fue pionero en algunos estudios, allá por el cambio de siglo, pero recién en los años 60 se comenzó el trabajo sistemático. Eduard Lorenz, quien estaba realizando un trabajo sobre modelos simples del clima de la Tierra, dio un paso clave. Utilizó una computadora y un simple conjunto de ecuaciones deterministas para probar y entender algo sobre el clima.
     El trabajo de Lorenz se popularizó como efecto mariposa. En lugar de que dos puntos de partida dieran lugar a un desarrollo aproximadamente igual en el futuro, tal como Lorenz y prácticamente todo científico de la época hubieran esperado, esos puntos podrían guiar a comportamientos diferentes e impredecibles en el futuro. Lo mismo sucedía sin importar cuan cerca estuvieran los puntos de partida. La más insignificante divergencia en las condiciones iniciales podría llevar a enormes e impredecibles diferencias en el resultado.
     Desde entonces el trabajo de Lorenz ha sido desarrollado y generalizado, y se encontró en él la propiedad típica de muchos sistemas no lineales. El resultado es el conocimiento de dos cosas. Primero, leyes deterministas aparentemente simples, en muchos casos dan origen a comportamientos fantásticamente complicados, que son sensibles a las condiciones iniciales, un efecto mariposa generalizado. Y, en segundo lugar, es que la mayoría de los sistemas que exhiben comportamientos caóticos, o bien no han sido investigados por científicos o, si lo fueron, no llegaron a ser entendidos. La teoría del caos ha empezado a mostrar ahora que tales fenómenos no pueden entenderse de una manera más regular, como el comportamiento no-caótico. Esto no significa que no podamos decir absolutamente nada del comportamiento caótico. En el comienzo, muchos sistemas exhiben comportamientos: regulares, predecibles, y caótico e impredecible. 
   
  En resumen, la teoría del caos es un paso adelante, no un alejamiento, hacia nuestro conocimiento de la naturaleza. Por supuesto, a medida que comenzamos a interiorizarnos y a entender las áreas de la naturaleza que previamente no entendíamos, los viejos conceptos ya no encajan de la manera que lo hacían. La teoría del caos sugiere en particular que la división de la ciencia por épocas, por un lado, la determinista y por el otro la del comportamiento impredecible y aleatorio, no funcionará por mucho tiempo. Los dos conceptos, aparentemente mutuamente excluyentes y opuestos, deberán ser vistos ahora como dos caras de una misma realidad. Los más profundos conocimientos desarrollado por la ciencia moderna muestran que los fenómenos pueden ser deterministas y, al mismo tiempo, impredecibles y aleatorios.

 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Alsina, J. (2000) El Positivismo, ideología de la sociedad industrial
De la Cruz, M. (2010). El falsacionismo, refutacionismo o principio de falsabilidad.
Moreno, N. “El caos en las Ciencias Sociales”.
Rincón, A. Criterios de validación de la Ciencia, comunicación personal, correo-e, octubre, 2016.


  






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