A finales del siglo XIX y comienzos del
siglo XX aparece el positivismo indudablemente en un momento histórico, cuyo
terreno había sido preparado por innumerables cambios tecnológicos como los
acontecidos por la revolución industrial, concordando a la vez, con el
decaimiento del sentido metafísico y religioso del conocimiento.
El
hombre, cansado de no obtener respuestas en la religión y en su búsqueda
permanente del porqué de las cosas, fija su atención en la ciencia, ésta le
brinda seguridad, confianza y comodidad. Ya no es el hombre a merced de la
naturaleza, más bien es un ser, que encuentra respuestas lógicas al estudiar en
forma analítica, los mecanismos de los objetos que se encuentran en su
alrededor.
Y en este marco, con los cimientos antes
mencionados, nace el positivismo, doctrina que Comte resume bien, a través de
su ley de los Tres Estadios, marcando así el comienzo de la Historicidad del
Conocimiento Humano. A partir de este momento, la realidad se va a encontrar
limitada por coordenadas de: tiempo, espacio y masa, puesto que solo considera
la posibilidad de estudiar científicamente los hechos, los fenómenos, el dato
experimentable, lo observable, lo verificable para lograr el progreso de la
sociedad, y ello, solo se puede alcanzar a través de la ciencia, considerada
desde Hegel, como la expresión más pura de la Racionalidad de la cultura.
Actualmente el positivismo influye en
muchas personas y lugares que, sin ser conscientes, se sitúan en esta línea de
pensamiento. Definitivamente, hoy día lo matemático y comprobable gana más
terreno, el mismo que pierde lo social y teórico. El positivismo por sus bases
empíricas rechaza todo lo que no se pueda comprobar desde la óptica humana y
eso pasa en nuestros días, el hombre cada vez más acostumbrado a la técnica y a
la manera de mostrar las cosas, a través de laboratorios e investigaciones, se
hace más inverosímil ante la tesis de pensamiento y las especulaciones. Es así
como nace la falsación, la misma buscar evitar el dogmatismo científico y
promover la sinceridad intelectual.
Para el filósofo austriaco Karl Popper,
constatar una teoría significa intentar refutarla mediante un contraejemplo. Si
no es posible refutarla, dicha teoría queda corroborada, pudiendo ser aceptada
provisionalmente, pero nunca verificada. En filosofía de la ciencia, esta
verificación se sigue, deductivamente por modus
tollendo tollens (del latín, modo que negando niega), en otras palabras, si
una primera afirmación implica una segunda afirmación, y la segunda afirmación
no es verdadera, se puede inferir que la primera no puede ser verdadera. Un
ejemplo muy conocido en la falsación es: por muchos millones de cuervos negros
que se vean, no será posible afirmar que “todos los cuervos son negros”, en
cambio sí se encuentra un solo cuervo que no sea negro, se podrá afirmar que
“no todos los cuervos son negros”.
El falsacionista admite que la observación
está guiada por la teoría y la presupone. Abandona cualquier afirmación que
implique que las teorías se pueden aceptar como verdaderas o probablemente
verdaderas a la luz de la evidencia observacional. Se trata de un cambio
radical en la concepción de la ciencia, por cuanto permite vislumbrar que, las
teorías vigentes en un momento dado, suelen ser reemplazadas por otras con el
transcurso del tiempo. Tal actividad sería pues la esencia del progreso
científico. En otras palabras, el falsacionismo afirma que el hombre no puede
realizar observaciones “objetivas del mundo exterior”, sino que, en el mejor de
los casos, intenta acercarse asintóticamente a entender mejor los patrones y
pautas de la naturaleza.
A medida que las teorías son reemplazadas
por nuevos conocimientos que emergen de un mundo cambiante y una humanidad
hambrienta de conocer la verdad, surge asimismo la necesidad de validar dichos
conocimientos. A partir de esta necesidad, nacen las comunidades científicas y
en consecuencia la metodología. La validez del conocimiento admite diversas
formas y criterios según los campos o ámbitos en los que se manifiesta su
validez: se podría hablar entonces de validez sociológica, étnico – cultural,
religiosa, mágica, etc. Cada una con sus formas y criterios de aceptación y
reconocimiento.
Los criterios de validez del saber
científico más conocidos como métodos científicos son los usados por los
científicos para demostrar o comprobar un invento, para lograr esto los métodos
deben seguir unas leyes que son universales las cuales están basadas en
principios de investigación y prueba, en donde el investigador sigue un
conjunto de procedimientos teniendo en cuenta su plan previo. El científico
trata de distinguir lo verdadero de lo falso llevando a éste a prueba con el
método escogido por él, donde se dará un veredicto final del objeto de prueba
en caso de que sea verdadero. Este deberá ser justificado y demostrar su
probabilidad utilizando la ciencia y la tecnología, e igualmente en el caso de
que se demuestre que es falso.
Así como en una investigación se pueden
variar sus resultados con tal solo alterar una variable del proyecto inicial,
cierta clase de fenómenos son increíblemente sensibles a las condiciones
iniciales y tienen una impredecibilidad inherente desarrollando un caos. La
teoría del caos en realidad data de los años 60. El matemático francés Henri
Poincaré fue pionero en algunos estudios, allá por el cambio de siglo, pero
recién en los años 60 se comenzó el trabajo sistemático. Eduard Lorenz, quien
estaba realizando un trabajo sobre modelos simples del clima de la Tierra, dio
un paso clave. Utilizó una computadora y un simple conjunto de ecuaciones
deterministas para probar y entender algo sobre el clima.
El trabajo de Lorenz se popularizó como
efecto mariposa. En lugar de que dos puntos de partida dieran lugar a un
desarrollo aproximadamente igual en el futuro, tal como Lorenz y prácticamente
todo científico de la época hubieran esperado, esos puntos podrían guiar a
comportamientos diferentes e impredecibles en el futuro. Lo mismo sucedía sin
importar cuan cerca estuvieran los puntos de partida. La más insignificante
divergencia en las condiciones iniciales podría llevar a enormes e
impredecibles diferencias en el resultado.
Desde entonces el trabajo de Lorenz ha
sido desarrollado y generalizado, y se encontró en él la propiedad típica de
muchos sistemas no lineales. El resultado es el conocimiento de dos cosas.
Primero, leyes deterministas aparentemente simples, en muchos casos dan origen
a comportamientos fantásticamente complicados, que son sensibles a las
condiciones iniciales, un efecto mariposa generalizado. Y, en segundo lugar, es
que la mayoría de los sistemas que exhiben comportamientos caóticos, o bien no
han sido investigados por científicos o, si lo fueron, no llegaron a ser
entendidos. La teoría del caos ha empezado a mostrar ahora que tales fenómenos
no pueden entenderse de una manera más regular, como el comportamiento
no-caótico. Esto no significa que no podamos decir absolutamente nada del
comportamiento caótico. En el comienzo, muchos sistemas exhiben comportamientos:
regulares, predecibles, y caótico e impredecible.
En resumen, la teoría del caos es un paso
adelante, no un alejamiento, hacia nuestro conocimiento de la naturaleza. Por
supuesto, a medida que comenzamos a interiorizarnos y a entender las áreas de
la naturaleza que previamente no entendíamos, los viejos conceptos ya no
encajan de la manera que lo hacían. La teoría del caos sugiere en particular
que la división de la ciencia por épocas, por un lado, la determinista y por el
otro la del comportamiento impredecible y aleatorio, no funcionará por mucho
tiempo. Los dos conceptos, aparentemente mutuamente excluyentes y opuestos,
deberán ser vistos ahora como dos caras de una misma realidad. Los más
profundos conocimientos desarrollado por la ciencia moderna muestran que los
fenómenos pueden ser deterministas y, al mismo tiempo, impredecibles y
aleatorios.
REFERENCIAS
BIBLIOGRÁFICAS
Alsina, J. (2000) El
Positivismo, ideología de la sociedad industrial
De la Cruz, M. (2010). El
falsacionismo, refutacionismo o principio de falsabilidad.
Moreno, N. “El caos en
las Ciencias Sociales”.
Rincón, A. Criterios de
validación de la Ciencia, comunicación personal, correo-e, octubre, 2016.
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